La historia de la Mother Road
Una carretera.
Cien años.
La Route 66 ha tenido muchas vidas. Primero fue el camino hacia las oportunidades, luego el sendero de la aventura y, por último, un viaje nostálgico al pasado de Estados Unidos, un fenómeno cultural como ninguna otra carretera del mundo.
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Capítulo uno · 1921–1932
Nace una carretera.
La Route 66 apareció en el mapa en 1926, como una de las primeras carreteras del flamante sistema estadounidense de rutas numeradas. Las bases se habían sentado cinco años antes, cuando el Congreso aprobó la Federal-Aid Highway Act de 1921 para unir en una red nacional el mosaico de caminos de tierra y vías locales del país.
El hombre con el plan fue Cyrus Avery, un petrolero y empresario de Oklahoma. Avery sabía que los pueblos rurales del Medio Oeste y las Grandes Llanuras no estaban conectados con ninguna arteria importante, lo que les dificultaba llevar sus productos al mercado y prosperar. Así que el «Padre de la Route 66» presionó con fuerza por una ruta de Chicago a Los Ángeles, armada a partir de caminos estatales y locales ya existentes, que bajaría hacia el suroeste y conectaría con la costa a estas comunidades olvidadas.
El 11 de noviembre de 1926 nació oficialmente la US Highway 66. Avery y sus colegas empezaron a promocionar la carretera a bombo y platillo, presentándola como la «Main Street of America», un ingenioso golpe de marca que sigue resonando un siglo después. En 1928, la nueva carretera fue sede de una carrera a pie de costa a costa, la famosa «Bunion Derby», ganada por Andy Payne, de la diminuta Foyil, Oklahoma, uno de los pueblos pequeños recién conectados por la carretera, en 573 horas de carrera repartidas en 84 días.
En pocos años la carretera se volvió la favorita de los camioneros: las praderas llanas que atravesaba y su clima más templado, más sureño, la hacían más fácil de recorrer todo el año que las carreteras transcontinentales del norte.
Al margen
El juego de los números
La Route 66 casi no se llamó 66. Al principio fue designada US 60, un múltiplo de 10 reservado para las grandes vías este-oeste, hasta que los estados del este se quejaron de que el «60» pertenecía a una carretera que empezaba en Virginia. La ruta Chicago–Los Ángeles pasó a llamarse US 62, hasta que Cyrus Avery abogó por el 66, argumentando que el número doble era más pegadizo. Tenía razón.
Sus otros nombres también se quedaron: la Main Street of America (el marketing de Avery), la Mother Road (invento de John Steinbeck) y la Will Rogers Highway, en honor al querido humorista de Oklahoma. Hasta su longitud fue cambiando: 2448 millas (3940 km) es la cifra que todos citan, aunque los cambios de trazado enderezaron y acortaron tramos de la carretera a lo largo de las décadas.
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Capítulo dos · 1933–1945
El camino de las oportunidades.
Durante la década de 1930, las tormentas de polvo nacidas de una sequía prolongada expulsaron a familias de sus granjas en todos los estados de las Grandes Llanuras, sobre todo en Texas y Oklahoma. Cerca de un cuarto de millón de personas cargaron lo que pudieron en autos y camiones y se dirigieron al oeste, a California, en busca de trabajo en el campo. La Route 66 fue el camino que tomaron.
La novela de Steinbeck le dio a la carretera su apodo más imborrable, presentando la Route 66 como un refugio que protegía a los migrantes que escapaban del Dust Bowl. Mientras el país luchaba por salir de la Gran Depresión, la carretera apareció en los programas federales de empleo: se contrató a obreros para pavimentar la vía, cada vez más transitada, y en 1938, cuando se colocó el último tramo en el condado de Oldham, Texas, se convirtió en la primera carretera transcontinental totalmente pavimentada de Estados Unidos.
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Tres años después el país entró en la Segunda Guerra Mundial, y la Route 66 se convirtió en una vía principal para trasladar soldados y suministros militares por todo el país. La migración masiva hacia las nuevas fábricas de California continuó; la Mother Road era, una vez más, el camino de las oportunidades.
Capítulo tres · 1946–1964
La edad de oro.
Con el auge económico de la posguerra, más estadounidenses compraron autos y tuvieron empleos que les dejaban tiempo libre. Los viajes por carretera se dispararon y el atractivo de la Route 66 siguió creciendo. Bobby Troup escribió «(Get Your Kicks on) Route 66» y Nat King Cole la llevó a lo más alto de las listas en 1946. Esa misma época le dio a la carretera lugares que todavía la definen: Red’s Giant Hamburg, en Springfield, Missouri, considerado el primer restaurante drive-through del mundo (1947), y el Cozy Dog Drive In, en Springfield, Illinois, cuna del corn dog en palito (1949).
Surgieron moteles, gasolineras y diners para atender a los nuevos viajeros. Los autocines proliferaron. Atracciones al borde del camino, como la enorme Blue Whale de Catoosa, competían por la atención de los automovilistas: cuanto más grandes y extrañas, mejor. Los negocios instalaron brillantes letreros de neón que invitaban a los conductores a parar, comprar recuerdos, comer y dormir.
Todo esto ayudó a convertir la Route 66 en un referente cultural del viaje estadounidense a mediados del siglo XX. De 1960 a 1964, la serie de televisión Route 66 siguió a dos hombres que recorrían el país en un Corvette descapotable y llevó la carretera a las salas de estar de Estados Unidos. En 1962 se levantó el primer «Muffler Man», un leñador con un hacha, en el Paul Bunyan Cafe de Flagstaff, Arizona.
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El panorama completo
Una mirada honesta
La libertad de la carretera abierta no la disfrutaba todo el mundo por igual. Los viajeros negros no eran bienvenidos en muchos pueblos del camino y debían confiar en el Green Book y otras guías para encontrar lugares seguros donde comer y dormir. Y la ruta pasa cerca y a través de las tierras de más de 25 naciones tribales, cuyas culturas y patrimonio están entretejidos en todo el Suroeste, mientras que algunas atracciones de la época dorada de la Route 66 perpetuaban estereotipos totalmente falsos sobre los pueblos indígenas. La carretera de hoy cuenta estas historias con más honestidad.
Capítulo cuatro · 1956–1985
Declive y reinvención.
La Route 66 sufrió un castigo enorme por el tráfico de camiones de la Segunda Guerra Mundial: la carga entre Chicago y St. Louis se quintuplicó respecto a una década antes, y los autos siguieron llegando a la carretera en cantidades cada vez mayores después de la guerra. A pesar de las mejoras para hacerla más ancha, más lisa y más recta, la carretera de dos carriles no daba abasto. En 1956, el presidente Eisenhower firmó la Federal-Aid Highway Act, que creó el sistema de autopistas interestatales y dio el toque de difuntos a la Route 66.
Cinco flamantes autopistas interestatales (I-55, I-44, I-40, I-15 e I-10) fueron sorteando poco a poco la vieja carretera. El tráfico se redujo a un hilo, y muchos pueblos pequeños del trazado original quedaron abandonados. La Route 66 se volvió una carretera fantasma, que solo cobraba vida a retazos. En 1984, Williams, Arizona, fue el último pueblo borrado del mapa por la autopista, y en 1985 la Route 66 fue dada de baja oficialmente, retirada por completo de los mapas.
Pero los admiradores de la vieja carretera siguieron ahí. Defensores del patrimonio, entre ellos el célebre barbero de Seligman Angel Delgadillo, que ayudó a encender el movimiento en 1987, fundaron asociaciones estatales y la National Historic Route 66 Federation (1995). En 1999, el Congreso aprobó el Route 66 Corridor Preservation Program, que financia la protección de los hitos de la carretera. La «Historic Route 66» volvió a los mapas, evocadora y cargada de historia, una puerta a una época pasada, de viajes más pausados, un símbolo de esperanza, aventura y resiliencia estadounidenses.